Este año 2018 el invierno entró pisando fuerte con grandes nevadas que cubrían las montañas con un gran manto de nieve. Ésto, junto a la entrada de fuertes temporales de agua y viento ha hecho que mis salidas a la montaña fueran nulas.
La primavera tímidamente va haciendo acto de presencia, mostrándonos los campos tapizados de colores y viendo como las mariposas revolotean llenándolos de vida. Gracias a la lluvia y al deshielo el caudal de los rios bajan llenos y con fuerza. A pesar de todo ésto parece que el invierno se ha hecho resistente y se niega a abandonarnos del todo. Aunque las horas de luz son mayores y que las temperaturas aumentan durante el día, todavía se producen algunas pequeñas nevadas, lo que hace que la nieve siga acumulándose en las cimas de las montañas contrastando con el verdor de los valles.
De todas formas y desoyendo las previsiones meteorológicas adversas, decidimos huir del caos de la capital, para relajarnos y disfrutar de la tranquilidad que nos brinda la naturaleza junto a las montañas, durante un largo puente de cinco días. En esta ocasión, decidimos ir a conocer unas montañas totalmente desconocidas por nosotros, como eran los Montes Aquilianos, enclavados en la comarca del Bierzo, provincia de León.
